Isabella subió las escaleras con el corazón golpeándole el pecho con tanta fuerza que apenas podía escuchar otra cosa. Sus pasos eran rápidos, casi desesperados, hasta que llegó a la habitación.
Cerró la puerta de un golpe.
—¡Ahhh!
El grito retumbó entre las cuatro paredes.
Mientras se llevó ambas manos a la cabeza, comenzó a caminar de un lado a otro y volvió a gritar.
—¡Ahhh! ¿Quién se cree?
Respiró con dificultad.
Cerró los ojos, pero aquello solo empeoró las cosas, una y otra vez, la imagen