Natália
El celular vibró en mis manos y una sonrisa lenta y satisfecha se formó en mis labios. Bianca se acercó, con los ojos bien abiertos.
—¿Fue ella? —preguntó, ansiosa.
Asentí.
El mensaje brillaba en la pantalla como una invitación al infierno:
Ranya:
"¿Qué tipo de información quieren? Necesito mucho dinero. Estoy escuchando."
Respiré hondo, saboreando la victoria anticipada.
Mordió el anzuelo. Y ahora, era cuestión de tiempo hasta que nuestra hermanita perfecta se desmoronara.
—Esa chica e