Narrado en tercera persona
La bandeja de plata aún temblaba levemente sobre la mesa de mármol, un vestigio de la tensión de minutos antes. El aire del pasillo parecía cargado, denso como arena caliente en el desierto. Natália había salido de la habitación del Sheikh con la barbilla en alto y los ojos helados — pero por dentro, algo comenzaba a hervir.
Estaba sudando. No de miedo — sino de rabia. Y esa rabia, canalizada con precisión, se convertía en un arma.
Mientras caminaba por los pasillos d