Lara
Estaba en mi rincón favorito del jardín, sentada sobre una manta suave, rodeada de cojines y con un libro abierto sobre el regazo, pero mis ojos no lograban concentrarse en ninguna línea. El sol comenzaba a ponerse, pintando el cielo en tonos anaranjados, y el aire era cálido, sereno, como si el mundo exterior estuviera en calma… pero dentro de mí, siempre había una incomodidad leve que no desaparecía.
La mansión de Khaled era un lugar tan hermoso como asfixiante. Era como vivir dentro de