Khaled Rashid
A veces, el silencio es más cruel que cualquier grito.
Estaba sentado en mi sala privada, donde pocos entran. Era uno de los pocos lugares de la mansión donde podía respirar sin el peso de las miradas ajenas. El vaso de whisky reposaba intacto sobre la mesa de vidrio. El líquido ámbar reflejaba las luces suaves del techo, danzando como si se burlara de mí.
Mis pensamientos no se detenían.
Un heredero.
Era lo que mi padre quería. Era lo que el consejo quería.
Era lo que el nombre R