Lara
El avión había aterrizado hace poco, y ya estábamos de vuelta en la casa en Dubái. El camino hasta allí fue silencioso, y Khaled parecía aún más serio de lo normal. Algo en su mirada, en la forma en que apretaba el volante, me dejaba inquieta. Desde el desayuno en Omán, yo sabía que algo estaba mal, pero la manera en que evitaba los detalles me hacía pensar que lo que estaba ocultando era mucho más grande de lo que imaginaba.
En cuanto entramos en casa, Khaled dejó la maleta en el suelo de