Lara
El sol ya brillaba con fuerza cuando bajamos a desayunar. El restaurante del hotel era un espectáculo aparte, con un buffet impecable y una vista impresionante.
Debería estar disfrutando.
Debería estar sintiéndome feliz por estar aquí, viajando, experimentando una nueva cultura al lado de mi esposo.
Pero todo lo que podía pensar era en la llamada de la madrugada.
Las palabras de Khaled seguían resonando en mi cabeza como una pesadilla de la que no podía despertar.
“Mátalos.”
Respiré hondo