Lara
Mis manos temblaban mientras abría el cajón y tomaba el camisón de satén claro. Era ligero, casi translúcido, y apenas podía mirarlo sin sentir que el estómago se me revolvía. La orden seguía resonando en mi mente, como una sentencia:
“Hoy vas a dormir en mi habitación. Y no acepto un no.”
Tragué saliva.
Me cambié de ropa despacio, sintiendo la piel erizarse con cada trozo de tela que tocaba mi cuerpo. Tenía miedo. Ya no era un miedo vago, una sensación… era real. Palpable.
Terminé de vest