Lara
Ya había pasado una semana. Siete largos días desde que él entró en casa cubierto de sangre y yo, paralizada, comprendí que el hombre con el que me casé era más peligroso que cualquier pesadilla que mi mente pudiera crear.
Desde entonces, he estado viviendo como una prisionera voluntaria.
Evito a Khaled de todas las formas posibles. No bajo a desayunar, no almuerzo con él, no ceno. Todos mis platos son dejados en la puerta por una de las empleadas. Espero a que se aleje, abro la puerta, re