La noche se sentía eléctrica, cargada con la promesa de una violencia que ya no podíamos evitar. El despacho de Adrián se había transformado en un búnker de alta tecnología. Pantallas de seguridad mostraban perímetros en tiempo real, mientras mapas digitales parpadeaban con la ubicación de los equipos que Adrián había desplegado para golpear los almacenes del cartel.
Yo observaba a Adrián. Estaba en su elemento, moviéndose con una precisión gélida, dando órdenes cortas y letales por un comunica