Dos días después de haber hablado con su secuaz Marcus, Anabella asistió a una de las fiestas más comentadas del momento: el banquete de bienvenida para uno de los mafiosos más influyentes de Boston, que había llegado a la ciudad. La celebración se realizaba en una mansión de piedra rojiza, imponente y vigilada por hombres armados, en la esquina de dos calles donde las luces del lujo se mezclaban con el peligro.
Anabella descendió del coche con elegancia, moviendo las caderas como si el mundo e