—¿Qué sabes de Alessandro y su mujer? —preguntó sin rodeos, su voz afilada como una hoja—. ¿Siguen juntos?
Marta sonrió, saboreando el momento.
—Mi amor, juntos es poco. Ayer fue el bautizo de su hijo. Rebosaban amor por los poros: besos, abrazos, sonrisas. Un gran agasajo en su mansión, todos los que importan estuvieron allí.
Hizo una pausa, disfrutando de la mueca de Anabella.
—Bueno, casi todos. Tú faltaste —añadió con malicia.
Anabella apretó los dedos alrededor de la copa. Su sonrisa se de