KEILY
—Sé que no tenemos todo el tiempo del mundo, aunque ya estoy segura de que estaré suplicando por más al final. En cuanto Marcello y yo estamos solos en la oscuridad de mi habitación de hotel, siento la carga eléctrica del deseo apoderarse de mí. Corre por mi torrente sanguíneo, y por primera vez en mi vida, siento como si estuviera saciando una adicción violentamente voraz.
En cuanto la cerradura hace clic, las manos de Marcello recorren todo mi cuerpo mientras me apoya contra la pared. M