Natalia cerró los ojos con fuerza. El mundo seguía desmoronándose a su alrededor, pero en aquel abrazo encontró una tregua, un refugio. A pesar de la angustia, no pudo evitar que el estómago le revoloteara con aquella cercanía. Alessandro tenía ese poder devastador: hacerla sentir a salvo y al mismo tiempo, temblar.
Desde ese día, Alessandro no se apartó de su lado. Contrató a los mejores especialistas, instaló un equipo médico permanente y convirtió la recuperación de Rosa en su prioridad. Par