Drea
Cualquier esperanza que tenía de que Misha estuviera bromeando sobre la cama se hace añicos cuando abre la vieja puerta de madera de nuestra habitación del hotel y veo una camita con armazón de metal plantada justo en el centro de la habitación. No hay nada más que una cómoda y la puerta de lo que supongo que es el baño.
—Misha —digo, apretando los dientes mientras cierra la puerta detrás de nosotros—. ¿Qué coño es esto?
—Nuestra habitación —responde, lanzando la llave sobre la cómoda y qu