Alessandro llegó al Hospital Presbiteriano y, al instante, notó una atmósfera cargada de tensión. Un grupo de personas hablaba entre sí en voz baja, y varios médicos y enfermeras se movían de un lado a otro con prisa. Algo no estaba bien, y eso lo hizo detenerse, alertando sus sentidos.
Decidió acercarse a una enfermera que pasaba rápidamente, visiblemente alterada. Sus pasos eran rápidos, casi como si intentara huir de la escena.
—¿A qué se debe tanto alboroto? —preguntó Alessandro con voz fir