KEILY
Al final del pasillo hay una escalera que sube en espiral hasta el segundo piso. Marcello me conduce a una habitación oscura y fresca que presumo es su dormitorio. Aunque nunca he estado aquí, la energía del espacio me devuelve a la noche que pasamos juntos, y tengo que sacudirme esos sentimientos de inmediato. Estoy retenida como rehén. No puedo asociar ningún sentimiento positivo con esta persona.
—Vale, súbete a la cama —ordena, llevándome hacia ella y manteniendo un agarre firme en mi