—Es una sorpresa, así que tendré que cubrirte los ojos —indicó y sacó del bolsillo una pañoleta, se aproximó al pequeño y cubrió sus ojitos.
—Con cuidado que tengo un golpe por los ojos —indicó—. No te tardes mucho —solicitó.
Carlos con cuidado llevó al pequeño a la mitad del jardín, entonces colocó frente a él su obsequió.
—Ya puedes mirar —solicitó.
Angelito se arrancó con rapidez el vendaje, abrió los ojos de par en par y recorrió con su azulada mirada el flamante pony en color blanco.
—M