El mundo se detuvo. El aire en la habitación de la clínica se solidificó, pesado e irrespirable. Las palabras de Cassian resonaron en el silencio, cada una una bomba que hacía añicos la realidad que creía conocer.
Es tu hija.
Miré a Kaelan. Su rostro, siempre una máscara de control, estaba descompuesto. La incredulidad, la confusión y un destello de algo más profundo, algo visceral y primal, luchaban en sus ojos de plata.
"Es una mentira", logró decir Kaelan, pero su voz carecía de su habitual