La neblina se abrió como si respondiera a una orden invisible. De entre la bruma emergieron Andréi y Lucien, envueltos en un resplandor tenue que parecía absorber la luz en lugar de reflejarla.
Sus pasos eran precisos, sincronizados, casi ceremoniales.
Fanny retrocedió instintivamente.
No era miedo lo que la dominaba, sino la sensación de estar en el centro de algo que escapaba a toda lógica humana.
Michel no se movió. Permanecía quieto, la mirada fija, el cuerpo relajado como si esperara ese m