La llamada llegó corta, seca, sin adornos.
—Necesito verte —dijo Andréi, con esa voz que no admitía réplica.
Fanny dudó apenas un segundo, pero la firmeza en el tono le quemó por dentro. Algo había cambiado en él desde la última vez. Accedió sin preguntas.
El encuentro se dio en la penumbra de su habitación. La noche aún colgaba en el aire y el silencio le dio al momento un peso distinto. Cuando abrió la puerta y lo vio de pie, esperándola, el corazón le dio un salto. Su cuerpo recordó el sabo