La noche se extendía sobre la ciudad como un manto denso, salpicado de luces que apenas lograban quebrar la oscuridad. Andréi caminaba solo por las calles que rodeaban la universidad, con la chaqueta cerrada hasta el cuello y la mirada perdida en el asfalto húmedo. No necesitaba compañía ni distracciones; lo único que hervía en su mente era el recuerdo de ese encuentro.
La imagen de aquel hombre lo perseguía: su porte imponente, sus ojos implacables, la calma peligrosa con que respondía cada pa