El eco de los gemidos aún flotaba en la penumbra cuando Sofía abrió los ojos. Elena dormía a su lado, el cuerpo desnudo aún tibio por la intensidad de la noche. La sábana apenas cubría su cintura, dejando al descubierto la curva de su pecho y el perfil arrogante de su rostro relajado.
Había placer en la imagen, pero también un recordatorio: esa no era la batalla que Sofía quería ganar.
Se levantó despacio, dejando que la tela resbalara de su piel. El aire fresco de la madrugada recorrió su cuer