Capítulo 50
Cuando regresé a la casa, Santiago estaba en la sala con una copa de whisky en la mano. Apenas me vio, su cara se desfiguro con una tensión en su mandíbula. Estaba tan furioso que sentí cómo me temblaron las manos, eso me provocaba el, miedo. .
—¡¿Donde carajos estabas?! Te di una maldita orden
Alex intentó hablar antes de que él explotara
—No es para tanto, amigo —dijo Alex—. Yo la acompañé de compras.
—¿A quién le estás hablando así? —le respondió Santiago, acercándose con los ojos llenos de rabia—. ¿Desde cuándo te crees con derecho a pasar por encima de mis órdenes?
Alex apretó la mandíbula, Se veía tenso, pero igual intentó defenderme de las acusaciones furiosas de Santiago.
—Solo digo que no pasó nada, Santiago. No tienes por qué tratarla así.
—Tú cállate —le gritó él—. No te metas donde no te llaman. Ella es mi mujer. Mía, no quiero que vuelvas a abrir la boca para defenderla o para pasar por encima de mi autoridad.
Alex se quedó paralizado, se sintió humillado, s