CAPÍTULO 51
No sabía cómo iba a hacer lo que Nina me estaba pidiendo. La idea me revolvía el estómago. Me senté en el borde de la cama, todavía con las manos temblando.
—No puedo acostarme con ese imbécil —le dije—. No puedo. Me da asco. Lo odio. Lo único que hace es dañarme. Estoy destruida, Nina. ¿Cómo esperas que haga algo así?
Ella me miró con esa calma rara que siempre tenía, pero esta vez noté un cansancio en su rostro.
—Piensa en tu bebé —respondió—. Santiago es confiado cuando siente poder. Si cree que estás cediendo, bajará la guardia. Y si baja la guardia, tú tendrás oportunidades.
Me reí sin humor.
—¿Oportunidades de qué? ¿De sobrevivir otro día más? ¿De fingir que estoy bien? Nina, tú sabes lo que él es. Sabes lo que hace. ¿Cómo puedes defenderlo? ¿Cómo puedes protegerlo después de todo lo que he vivido aquí?
Ella cruzó los brazos
—No se trata de defenderlo —dijo—. Se trata de que Alex nunca lo va a dejar solo. Y yo soy su madre. Donde esté mi hijo, estoy yo. No puedo i