CAPÍTULO 51
No sabía cómo iba a hacer lo que Nina me estaba pidiendo. La idea me revolvía el estómago. Me senté en el borde de la cama, todavía con las manos temblando.
—No puedo acostarme con ese imbécil —le dije—. No puedo. Me da asco. Lo odio. Lo único que hace es dañarme. Estoy destruida, Nina. ¿Cómo esperas que haga algo así?
Ella me miró con esa calma rara que siempre tenía, pero esta vez noté un cansancio en su rostro.
—Piensa en tu bebé —respondió—. Santiago es confiado cuando siente