Capítulo 23
Los dos estaban a punto de golpearse. Se insultaban, se empujaban, y los guardias ya se acercaban porque la situación se había salido de control.
Yo tuve que meterme en medio antes de que alguien terminara sangrando. Puse mis manos en el pecho de ambos y respiré hondo para no gritarles.
—¡Ya basta! —dije, perdiendo la paciencia—. Esto es ridículo.
Santiago dio un paso atrás, respirando fuerte. Edward seguía con la mandíbula tensa, mirando a Santiago queriendo romperle la cara. Me g