Capítulo 23
Los dos estaban a punto de golpearse. Se insultaban, se empujaban, y los guardias ya se acercaban porque la situación se había salido de control.
Yo tuve que meterme en medio antes de que alguien terminara sangrando. Puse mis manos en el pecho de ambos y respiré hondo para no gritarles.
—¡Ya basta! —dije, perdiendo la paciencia—. Esto es ridículo.
Santiago dio un paso atrás, respirando fuerte. Edward seguía con la mandíbula tensa, mirando a Santiago queriendo romperle la cara. Me giré hacia Santiago primero.
—Nos vemos mañana muy temprano en la oficina de mi papá para firmar el contrato, solo allí cerraré este trato contigo —le dije, sin darle opción de discutir.
Él asintió, aunque claramente seguía molesto.
Tomé del brazo a Edward y lo jalé hacia afuera del restaurante. Apenas estuvimos lejos de la vista de todos, lo solté y lo miré directo a los ojos, estaba furiosa por su actitud infantil.
—¿Qué está pasando contigo? —pregunté evidentemente molesta —. ¿Por qué reacci