Mundo ficciónIniciar sesiónLa oscuridad dentro del estudio de pintura no era simplemente la ausencia de luz; era una entidad viva, pesada y expectante, que se adhería a la piel como una segunda capa de ropa.
Con las persianas de acero inoxidable bloqueando cualquier resquicio del mundo exterior, Layla Lombardi estaba sumergida en un abismo absoluto. El olor acre de la trementina derramada en el suelo de madera inundaba sus fosas nasales, mezclándose con el sudor frío que le perlaba la frente







