El quinto mes de embarazo trajo consigo una redondez innegable, un ancla física que le recordaba a Layla cada mañana que había sobrevivido. Frente al espejo del vestidor, alisó la seda de color zafiro oscuro de su vestido de noche. La tela abrazaba la curva de su vientre con orgullo. Ya no había necesidad de esconderse, ni de ropas holgadas, ni de mentiras.
Dante apareció en el reflejo, ajustándose los gemelos de su camisa negra. No llevaba corbata. Su estilo se había vuelto ligeramente menos r