El apagón no fue un accidente. Fue una declaración de intenciones.
Cuando los pesados transformadores del Muelle 9 murieron con un quejido agónico, sumiendo el inmenso almacén frigorífico en una oscuridad densa y asfixiante, el aire mismo pareció congelarse.
Afuera, bajo la lluvia incesante de Londres, Kael bajó los prismáticos de visión térmica y asintió hacia la figura vestida de negro que estaba a su lado. El equipo táctico ruso, compuesto por doce hombres fuertemente armados, estaba posicio