Londres no duerme, pero Liam Vance tampoco.
En su exilio forzoso en el East End, Liam había convertido su rabia en una industria. Ya no le quedaban acciones que vender ni propiedades que hipotecar para financiar su venganza. Dante Lombardi se había asegurado de eso, congelando sus activos y poniéndolo en listas negras bancarias con una eficiencia aterradora.
Pero había algo que Dante no podía comprar, algo que florecía en las alcantarillas de la sociedad: la calumnia.
Liam estaba sentado frente