El olor a humedad, tabaco rancio y ginebra barata era el único legado que Chloe le había dejado a su hijo.
Julian Vance caminaba por los pasillos inmaculados de Central Saint Martins, la universidad de arte y diseño más prestigiosa de Londres, pero su mente seguía atrapada en el minúsculo piso del East End donde había visto a su madre marchitarse.
Recordaba la voz de Chloe, afilada y venenosa, repitiendo la misma letanía cada noche mientras el alcohol le nublaba los sentidos. «Nos lo robaron to