El comienzo de una verdad.
Ninguno dijo buenos días al entrar a la cocina, aunque Lass estaba más confiada, no podía negar el temor, Arturo terminó de masticar y les habló
—¿Podrían decir, buenos días, cuando llegaron? No les costaba nada— Lass respira profundo y entra su cabello detrás de sus orejas.
—lo siento tío, aún estoy algo eufórica por la discusión de anoche—
Ella se levanta de la silla y los observa a todos, Naím está algo cabizbajo y su corazón se estruja, pero disimula muy bien
—Ayer fue un día lleno de sorp