Con una de mis garras hice un corte no profundo en su brazo izquierdo, del cual empezó a sangrar mucho.
Una de la linterna cayó al suelo, quiso ver que era eso que corría por su brazo y al ver la sangre se asustó cuando volvió a mirar hacia delante. Estaba yo sentado, tenía la cabeza de lado mirándola, mis ojos brillaban en la oscuridad.
—va-Vael— solté un gruñido.
—y-yo-no-no te tengo miedo— soltó un respingo por lo rápido que me levanté y le susurré al oído.
—¿Por qué estás temblando?—Mi voz