La visión de tres monumentos de hombre me deja con la boca abierta, es que es justo lo que me recetó Val para mi limpieza anual.
El mayor es un tipo de unos cincuenta años, rubio, un tanto cobrizo (¿Se teñirá? O algo se debe hacer porque se ve perfecto), de ojos azules, excelentemente vestido en una tenida informal de jeans y camisa arremangada, ¡Dios está como el vino!
Los otros dos, deben ser sus hijos porque son muy parecidos, aunque su color de pelo es más rojizo, el más joven viene enfunda