—¡Yo me opongo!
—¡¿Qué?!
Nos volteamos con Savannah para ver al imbécil que se está ganando el gran detalle de que lo mate, lo corte en pedacitos y lo lance al río Hudson, es que ¿cómo mierda se le ocurría entrar así?
—¡Lo mato!
— ¡James!— Me doy la vuelta y aunque mi Moritas intenta sostenerme me suelto de su agarre y camino hecho una furia en contra de ese idiota que tengo por hermano que está parado en medio del salón con los brazos abiertos y una sonrisa ladina que estoy a punto de desencaj