Capítulo 36
El cielo seguía cubierto de un gris espeso esa mañana, como si incluso el clima se resistiera a la idea de que aquel fuera un día de celebración. Irina miraba por la ventana del auto con los ojos totalmente cansados y su cuerpo aún resentido por las largas noches de insomnio más la última sesión de quimioterapia a la que Gail había sido sometido, le pasaban factura. El pequeño apenas sí tenía fuerzas para hablar y aun así, cuando Leone lo levantó en brazos para llevarlo al auto, el