Punto de vista de Rudolf
Nolan había cambiado. Los años le sentaban bien; estaba más alto, la viva imagen de su padre ahora.
Era como mirar hacia el pasado; tenía el mismo rostro, aunque con una complexión más joven e imponente. Lo único inalterado en él era la furia que albergaba en los ojos. La misma de la última vez que lo vi.
—Deberíamos hablar en privado —dije, y le hice una seña a los guardias.
El salón de banquetes se vació deprisa. Solon me dirigió una mirada recelosa, pero obedeció con