Diana intentó soltarse y se iba a poner a gritar cuando sintió que le colocaba un arma en el vientre.
Izan había creado un arma con un cristal puntiagudo y con la punta le apuntaba a la barriga.
—Guarda silencio, querida, será lo mejor para ti —murmuró con voz ronca.
Se quedó quieta y no hizo ningún movimiento brusco.
Solo esperaba que sus hijos no se escaparan del profesor y se les ocurriera ir a buscarla.
Bastante tenía con protegerse a ella y al bebé.
—No sé qué haces en mi casa —comenzó a h