Diana sintió que el alma se le iba del cuerpo cuando escuchó las palabras de su esposo.
Ella no podía dormir, pero fingió hacerlo para no continuar hablando.
Cuando él se levantó de la cama de aquella forma tan misteriosa no pudo evitar seguirlo.
Sabía que había hecho mal y que no estaba bien escuchar conversaciones a escondidas.
Pero saber lo que pensaba en realidad su esposo era su castigo por haber ido tras él para averiguar qué tramaba.
Y pensar que le había creído cada palabra cuando le di