Diana bajó del coche lo más rápido que pudo.
De pronto la carretera se había iluminado y un grupo de hombres vestidos de mariachis miraban en su dirección.
—Nos pagaron para cantar así que a darle —dijo uno de ellos y la canción «Motivos» comenzó a sonar.
—¡Ay, me trajiste serenata! —balbuceó ella, emocionada y se olvidó por unos instantes del venado. Buscó a su esposo entre los hombres, pero no lo encontró—. ¿Alexander?
Una mano le agarró el tobillo y ella dio un grito. Miró al suelo y se enco