Para suerte de Diana, o desgracia, porque ver a su marido tan excitado sobre ella la estaba quemando por dentro, fueron interrumpidos.
La puerta se abrió y por ella entraron tres pequeños terremotos.
—¡Papiiiiiiiii! Huele a quemado —gritó Nathan.
—¡Papá, te estoy viendo el culete! —continuó Gabriel y Alexander se quitó de encima de ella lo más rápido que pudo y se cubrió para que los niños no lo vieran desnudo.
Victoria antes de hablar comenzó a llorar.
—¡Papi! ¿Por qué querías matar a mami?
Di