Alejandro aterrizó en Italia con una mezcla de emociones que se agitaban en su interior. Después de dirigirse a la casa de su abuela, se encontró inesperadamente realizando vigilancia. Desde una distancia prudente, observaba la residencia, esperando ver a Ariel. La impaciencia lo consumía, pero sabía que debía mantenerse oculto hasta el momento adecuado.
Finalmente, vio a Ariel salir de la casa, su figura tan familiar y aún así tan lejana. Decidió seguirla discretamente, una decisión impulsada