Alejandro y Ariel llegaron a la imponente sede del bufete Clinton, el cielo oscureciéndose sobre ellos, proyectando una atmósfera tan cargada como la ocasión misma. Al entrar al lujoso edificio, los pasos de Alejandro resonaban con determinación, mientras Ariel, a su lado, llevaba una expresión de calma serena que contrastaba con la tensión que inevitablemente se acumulaba en el aire.
La recepcionista los saludó con una sonrisa profesional, pero su mirada vaciló por un instante al reconocer a A