El avión privado surcaba el cielo.
En el interior, Ariel dormitaba en uno de los asientos, una manta ligera sobre sus piernas y una expresión de paz en su rostro. Alejandro sonrió mientras miraba a su esposa; las pastillas para el mareo habían hecho su efecto, y eso significaba que él tendría la misión de cuidar de Ulysses durante el vuelo.
—Papá, ¿ya llegamos? —preguntó una voz menuda y curiosa a su lado.
Alejandro se volvió hacia su hijo, un pequeño de cabellos rubios que caían en suaves onda