Era una mañana tranquila. Ariel estaba sentada frente a un gran desayuno, y Alejandro la observaba desde el otro lado de la mesa con una mirada llena de amor y atención que se le escapaba a través de la sonrisa que apenas intentaba disimular. Todo parecía normal, hasta que ella, de repente, se llevó una mano al vientre y frunció el ceño.
—¿Todo bien?— preguntó Alejandro, levantando las cejas, alerta.
Ariel asintió, con una sonrisa leve mientras le hacía un gesto despreocupado.
—Sí, solo… una co