Una creciente necesidad por él.
Punto de vista Valeria
No sé qué se le cruzó por la cabeza a Marcelo cuando decidió aparecerse en mi casa. Aunque mi primera reacción fue querer echarlo, a él y a ese pequeño tigre de utilería que traía —pobrecito, más parecía una criatura de pesadilla que una mascota—, la verdad es que mi corazón lo pedía a gritos. Los abracé a ambos, aprovechando la excusa del reencuentro… necesitaba sentirlo, necesitaba que sus brazos me rodearan.
—¡Listo! El gatito ya está comido, limpio y listo para dormir