Punto de vista Valeria.
La noche anterior fue una pesadilla sin descanso. No logré conciliar el sueño, y mi hija se despertó dos veces para tomar leche materna, algo que no hacía desde que era más pequeña. Ni siquiera necesité poner alarma; llevaba despierta desde muy temprano.
Marcelo y yo habíamos acordado que la noche antes de la boda nos despediríamos y que solo nos veríamos en la ceremonia. Aunque me dolía, la promesa era sagrada; no quería arruinar la magia de nuestro gran día.
Justo cuan