Desperté temprano, como si algo dentro de mí me hubiese obligado a abrir los ojos antes de lo habitual. Miré el reloj en mi celular. 9:00 a.m.
Joder. No era temprano. Nunca había dormido tanto en toda mi vida.
Estaba sola.
Pietro ya no estaba a mi lado. Me quedé allí, tendida sobre las sábanas frías, buscando alguna señal de su presencia.
Solté un suspiro y me levanté de la cama. La habitación se sentía más grande, más vacía sin él. Como si el eco de su ausencia llenara cada rincón, recordá