Me quedé mirando el celular unos segundos más después de que Pietro colgó. Luego lo dejé a un lado con una mezcla de fastidio y resignación. Cuando levanté la vista, Agnes seguía allí, observándome con esa atención silenciosa que ya me resultaba familiar. No era intrusiva, pero sabía cuándo acercarse.
—¿Todo bien, señora? —preguntó con su tono amable, aunque la palabra "señora" todavía me sonaba ajena.
Asentí, pero luego suspiré y la miré con cierta complicidad. Supongo que necesitaba compartir