Cuando Rocío pronunció aquellas palabras, una mezcla de ansiedad y alegría le recorrió el cuerpo. Sabía que tenía mil cosas en contra: su pasado, sus miedos, los peligros que los rodeaban. Pero había algo que lo vencía todo, algo más fuerte que cualquier duda: la certeza de que Mateo tenía poder. Más que Austin. Y que, a diferencia de otros, estaba dispuesto a usarlo para proteger, no para destruir.
—Está bien —susurró, casi como un suspiro.
Mateo sonrió con calidez, rozando su nariz con la de